Es un desarrollo tecnológico y de comunicación
que tiene por objetivo notificar sobre la ocurrencia de un sismo de gran
magnitud y del arribo próximo de las ondas sísmicas potencialmente destructivas
a un centro urbano. Su principio de operación se basa en la medición de
temblores a través de una red de estaciones de campo equipadas con instrumentos
que registran movimientos del terreno (usualmente acelerógrafos) y que tienen
la posibilidad de detectar el inicio de un sismo y valorar que se trata de uno
de tamaño importante. Si la magnitud de éste alcanza un cierto nivel
prestablecido, se transmitirá una señal desde la estación de campo hacia un
centro de procesamiento de datos y, como resultado, se emitirá una alerta para
las poblaciones en riesgo. El tiempo de alerta depende de la distancia entre el
epicentro del sismo y la zona que se desea alertar; puede variar desde unos
cuantos segundos hasta más de un minuto si la distancia es suficiente. La
efectividad de estos sistemas depende de la operación sostenible de la
tecnología empleada, de los mecanismos para hacer llegar esta información a las
personas en riesgo, y sobre todo, de la prontitud de la respuesta adecuada de
la población y las autoridades ante las alertas. Por lo anterior el
entrenamiento y preparación de la población permite tomar medidas efectivas
para reducir el riesgo de lesiones y minimizar los daños.
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